Exulansis: cuando dejás de intentar explicar lo que sentís
Me acuerdo del momento exacto.
Alguien me preguntó cómo estaba. Y yo, en vez de responder "bien, gracias" como se supone que hay que hacer, empecé a responder de verdad.
No llegué lejos. Vi algo en su expresión corporal — no dijo nada, pero el mensaje era claro. Incomodidad. Distancia. El gesto de alguien que preguntó como formalidad y de repente recibió más de lo que esperaba.
Cambié el tema. Sonreí. Y guardé lo que iba a decir en el único lugar donde sabía que iba a caber: adentro.
Ese momento tiene un nombre. Se llama exulansis.
¿Qué es exulansis?
Exulansis es un término creado por John Koenig en 2015 para su obra The Dictionary of Obscure Sorrows (Simon & Schuster, 2021). La definición original es esta:
"La tendencia a rendirse ante el intento de hablar sobre una experiencia porque las personas son incapaces de relacionarse con ella — ya sea por envidia, lástima o simple extrañeza — lo que permite que esa experiencia se aleje del resto de tu historia de vida, hasta que el recuerdo mismo se siente fuera de lugar, casi mítico."
— John Koenig, The Dictionary of Obscure Sorrows, 2021La palabra viene del latín exulāns — exiliado, errante. Quien vive el exulansis carga con algo que no puede compartir. Y con el tiempo, ese algo empieza a sentirse como un exiliado dentro de su propia historia.
No es rencor. No es distancia elegida. Es simplemente el aprendizaje — muchas veces silencioso — de que ciertas cosas no tienen lugar en ciertas conversaciones.
Por qué pasa — la brecha experiencial
El Dr. Jason Spendelow, psicólogo clínico de The Practical Psychologist, describe el mecanismo central del exulansis como una "brecha experiencial" entre personas. Alguien puede no ser capaz de relacionarse con lo que sentís porque simplemente no vivió lo mismo que vos.
Pero hay algo más. Spendelow señala que entender la experiencia de otra persona requiere habilidades psicológicas específicas — empatía real y lo que en psicología se llama mentalización: la capacidad de interpretar el comportamiento de alguien imaginando qué estaba pensando y sintiendo en ese momento.
No todos tienen esas herramientas. Y muchos que las tienen no las aplican en el momento.
Entonces el exulansis no siempre viene de mala intención. A veces viene simplemente de que la otra persona no tiene los recursos para sostenerte en ese momento. O de que no tiene vocabulario emocional para lo que estás describiendo. O de que su propio sistema nervioso se cierra cuando la conversación se pone pesada.
Eso no lo hace menos doloroso. Pero sí lo hace más entendible.
Cómo se siente — y por qué a veces ni lo nombramos
Imaginate que cargás algo pesado durante mucho tiempo. Un día encontrás a alguien y pensás — esta persona puede sostenerlo un momento con vos. Empezás a hablar. Y en algún punto del camino, sin que nadie lo diga, entendés que tenés que volver a cargarlo solo.
Eso es exulansis.
Lo difícil es que muchas veces ni nos damos cuenta de que está pasando. Aprendemos a no intentarlo antes de intentar. Aprendemos a medir con quién podemos ser honestos y con quién no. Aprendemos a responder "bien, gracias" de manera automática — no porque estemos bien, sino porque ya sabemos que la respuesta verdadera no tiene lugar ahí.
Con el tiempo, según Spendelow, el exulansis puede llevar al aislamiento, la frustración y la sensación de que nadie puede entendernos realmente. El cerebro, en su intento de protegernos del rechazo repetido, empieza a cerrar puertas antes de que las abran.
Lo que aprendí de ese momento
Cuando me pasó eso con el compañero que preguntó cómo estaba como formalidad, yo ya llevaba un tiempo en proceso de sanación. Por eso no me quedé resentido ni rumiando como lo hubiese hecho antes.
Entendí algo en ese momento: que "¿cómo estás?" no siempre es una pregunta. A veces es solo un saludo con forma de pregunta. Y que esperar una respuesta honesta de alguien que pregunta como formalidad es esperar algo que esa interacción nunca prometió.
Lo que sí cambió para mí fue entender que necesitaba buscar activamente los espacios donde sí podía hablar de verdad. La terapia fue el primero — un lugar neutral donde alguien escucha para entender, no para responder rápido ni para sentirse cómodo. El journaling fue el segundo — escribir con la orientación del terapeuta me ayudó a procesar lo que no podía decir en voz alta todavía. Y con el tiempo, aprendí a seleccionar — a quién podía contarle qué, en qué contexto y en qué momento.
No como estrategia fría. Como cuidado propio.
Qué hacer cuando sentís que nadie puede entenderte
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Reconocé lo que sentís sin culparte. Sentirse rechazado cuando intentaste abrirte es una respuesta normal. El exulansis duele. Nombrarlo — darle un nombre — ya es un primer paso para no quedarte enganchado en eso.
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No interpretés el silencio del otro como rechazo definitivo. Muchas veces la persona no tiene las herramientas para sostenerte en ese momento. Eso no significa que lo que sentís no sea válido — significa que ese espacio no era el indicado.
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Buscá espacios donde sí haya lugar. La terapia, los grupos de apoyo, las comunidades donde otros atravesaron procesos similares — ahí el exulansis baja porque la brecha experiencial es menor. Spendelow lo dice con claridad: nada supera la sensación de ser genuinamente entendido.
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Escribí lo que no podés decir. El journaling no reemplaza ser escuchado por otra persona, pero sí le da a lo que cargás un lugar donde existir. A veces poner las palabras en papel — aunque sea solo para vos — alivia el peso de cargarlo completamente solo.
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Aprendé a seleccionar — no a cerrarte. Hay una diferencia entre elegir con quién compartir y cerrarse a compartir. La primera es inteligencia emocional. La segunda es una respuesta de protección que con el tiempo te aísla. La meta no es no hablar — es encontrar los espacios correctos para hablar.
Reconocelos. Aceptalos. Sentílos. Y poco a poco, soltalos. Eso que cargás merece un lugar donde existir — aunque al principio ese lugar seas solo vos.
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