El arte de sostener lo bueno: Por qué nos asusta la estabilidad y cómo aprender a habitarla
A menudo, el crecimiento personal se enfoca en cómo salir del pozo, cómo sanar las heridas o cómo resistir la tormenta. Sin embargo, hay un desafío del que hablamos mucho menos y que resulta igual de complejo: aprender a quedarnos cuando sale el sol. Si has pasado gran parte de tu vida en estado de alerta, navegando crisis o resolviendo problemas urgentes, es probable que hayas desarrollado una musculatura increíble para la resistencia. Eres un experto en sobrevivir. Pero, ¿qué pasa cuando, por fin, no hay nada de qué sobrevivir? Desde mi propia experiencia, he descubierto que sostener lo bueno requiere un entrenamiento distinto al de resistir lo malo. No se trata de fuerza, sino de apertura. No se trata de blindarse, sino de suavizarse. 1. El miedo a que el hilo se rompa Para quienes venimos de entornos inestables o de épocas de mucha dificultad, la felicidad no se siente como un alivio, sino como una sospecha. Cuando las cosas fluyen —la pareja está bien, el trabajo es estable...